17 de junio de 2010

Había una vez...

Había una vez una florecita. Vivía muy feliz, según recuerda, pero entonces a una muy temprana edad en la vida de una florecita empezaron a haber temblores. Primero eran sismos pequeños, pero cada vez eran más grandes y siempre q había un pequeño temblor la florecita se desestabilizaba. Habían tantos temblores que hacían q hasta las raíces de la florecita se tambalearan, y ni que decir de los pétalos. Había temblado tanto q ya no tenia, solo le quedaba uno, y eso... ya se le iba a caer.

Una catástrofe ocurrió. Todo se destruyó. Ya no había tierra para la florecita, ya no había sol, ya no llovía y cuando llovía lo hacía tanto y tan duro que la ahogaba. La florecita quería rendirse, estaba tan mal que ya no quería más, se había cansado de tratar y tratar en vano. Pensó en desenterrarse a ella misma… ya no quería luchar.
La florecita sabía que no era la única afectada por la catástrofe pero aún así sentía que no iba a poder más…la florecita se dio cuenta que estaba agonizando, se dio cuenta q ya no podía salvarse así que decidió salvar a las otras florecitas que habían por ahí porque las había conocido y creía que eran buenas, que en verdad se preocupaban por ella. Pero resultó que no. Cada vez que la florecita conocía a otra flor le daba un poco de sus minerales, la nutría... pero resulta que las flores aprovechaban los nutrientes y cuando estaban saciadas se iban, la abandonaban.

La florecita ya había experimentado la soledad, había estado todo el tiempo sola... pero ahora dolía más. La florecita no sabía porqué. Tal vez era porque el golpe era nuevo, era reciente… el caso es que dolía mas, dolía demasiado. Las nuevas ilusiones que la florecita tenia respecto a las otras flores y a sus nuevas posibilidades respecto a replantarse y continuar... se desvanecieron en un instante, se hicieron añicos, y la florecita decidió no luchar. Ya estaba cansada, agotada, extenuada, agobiada, adolorida, destrozada... muerta.
El tiempo pasaba. Cuando la florecita despertó se dio cuenta q había crecido, q el tiempo podía pasar incluso para una flor muerta, y entonces sucumbió mas. Se dio cuenta q no podía esperar más, era demasiado dolor, además ya no tenía motivos. Pensó en desenterrarse totalmente. 1, 2, 3, sería un leve dolor y luego... paz, o eso creía ella. Cuando estaba a punto de hacerlo un milagro ocurrió. Llegó un jardinero y la replantó, la fertilizó y le susurró palabras de aliento, le habló de un nuevo mañana de algo de felicidad futura. ¿Felicidad? -dijo la florecita -la conocí… por eso ahora q no la tengo duele más... felicidad. La quiero. Por favor... dámela -rogó la florecita -y entonces el jardinero le envió pequeñas flores, tres. Una más grande q las otras pero tres.
-te gusta ése número, ¿verdad, florecita? -le preguntó el jardinero
-Sí, siempre me ha gustado –respondió
-ahí está... la felicidad q pediste. sabes q hacer, ¿no es cierto?- preguntó el jardinero
-si... éso creo
-crees?
-no... No creo... lo sé. Sé q debo hacer -resultó que ésas pequeñas florecitas estaban igual que ella... marchitas... semi-muertas. Apenas la florecita las conoció las quiso con su alma, o con lo q quedaba de ella.
-lo ves, ¿no es cierto?- preguntó el jardinero -ahí está tu motivo. Ya no estás vacía, ahora... encontrar la felicidad dependerá de ti
... Y la flor lloró. Lloró porque había encontrado lo q tanto había necesitado, porque se lo habían regalado, porque era suyo, aunque las pequeñas flores no lo supieran todavía, porque ellas eran su motivo... lloró de felicidad.
Y cuenta la historia que todavía está la florecita buscando la felicidad, que todavía tiene enfrente suyo aquellos regalos y q según parece, jamás los dejará, a menos claro, que sean ellos los que no quieran estar con ella
Todavía hay temblores... incluso amenazas de catástrofe. A veces son leves... a veces muy fuertes, pero aunque la sacan de la tierra y le causan dolor la florecita sigue luchando… resulta que ya no son las mismas tres pequeñas flores. Ya no son tres, pero la florecita sigue luchando por ésa que queda, ésa q es suya y q siempre lo será
*fin*

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