31 de diciembre de 2016

La la Land

Lloré.  Porque fue una de esas películas que confirman cosas en las que crees y presentan fragmentos de la vida de una forma hermosa, pura.  Creo que va más allá de una película de amor o sueños o música, se trata de la enseñanza alquímica de que para ganar algo, otro algo debe sacrificarse, de que tomar un camino significa abandonar otros, de que para alcanzar un sueño se debe renunciar a cosas, hacer sacrificios.  De cierta forma, ellos sacrificaron su amor, ese que los empujó a cada uno en la dirección que necesitaban.  No pude evitar pensar "habrían sido felices" o "si tan sólo él hubiera estado ahí, las cosas habrían sido diferentes".  Pero no se trata de eso, no se trata de eso.  Es más un "estuvieron en el momento en que debían", aprendieron lo que era necesario y siguieron su camino.  Y, obviamente, hay melancolía y un pequeño dolor por aquello que pudo ser, pero no fue.  Porque, de cierta forma, nunca hubo un cierre como tal, se lo dejaron a las circunstancias de la vida, dejaron que ésta decidiera en lugar de hacerlo ellos mismos.  Así que sí, hay melancolía, hay pérdida y nostalgia por lo imposible.  Porque se amaban y nunca dejaron de hacerlo y, probablemente, nunca lo harán, tal y como ella dijo, pero ahora todo queda confinado a un rincón en la memoria, a un hermoso recuerdo.  Pero más allá de la melancolía y un amor que perdura en la memoria está la vida, esa que cada uno eligió, están los sueños por los que cada uno lucho, decidió y, al fin, alcanzó.  Están los mundos que construyeron aparte.  Y por eso hay también alegría.  Por eso se miran a los ojos al final y se sonríen, sabiendo que valió la pena y que cada uno lleva al otro a su manera, hacia adelante, aunque separadamente.  Por eso ella ahora ama el jazz y el club de él se llama Seb's.  Porque así es la vida, porque debían seguir y lo hicieron.  Y son felices con eso.

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20 de septiembre de 2016

Cuarto concurso de cuento corto UN en la web : EL CEMENTERIO DE SUEÑOS

Hola,

Dado que no he escrito desde que volví de mi viaje (sí lo he hecho, pero por cuestiones editoriales no lo puedo publicar aún), les comparto un relato corto que escribí en marzo de este año:



Cuarto concurso de cuento corto UN en la web : EL CEMENTERIO DE SUEÑOS: "Hay un monstruo debajo de mi cama, lo escucho rugir todas las noches. Cuando los ruidos del mundo se apaga y el silencio de las calles ensordece, el monstruo se retuerce y despierta, araña las tablas de mi cama y susurra palabras de espanto (...)"



Espero volver pronto con más relatos.

10 de agosto de 2016

Un dolor bien recibido y nada más

"Mi mamá lo perdonó, pero no le dio una segunda oportunidad, esa es la diferencia.  Lástima que no la viera."  Qué puede ser más doloroso?
En un mundo paralelo, en uno de esos sueños que revelan más de nosotros mismos de lo que deberían, él se acercaría, como lo hacen todos los otros, y diría "cómo lo siento".  Y estaría bien.  Ella diría "gracias", y eso sería todo.  No un abrazo, no un beso, un apretón de manos quizá.   Y estaría bien.

Pero como no es un mundo paralelo ni un sueño, en realidad no sucede.  En cambio pasa que esa otra ella dice lo que dice y se va.  Y yo pienso que podría decirle "tía, cada cosa que dices nos hiere, no ves que somos eso que no se pudo separar?".  Pero no es un sueño, no es otro mundo, por lo que mi boca decide callar.  Si lo fuera, oh si lo fuera, el dolor de cualquiera sería un dolor bien recibido, un dolor humano y nada más.

25 de julio de 2016

Diario de viaje - 31: Último día

Hoy "corrí" de un lado para otro, intentando absorber lo más que pude la atmósfera londinense.  No me quería ir, esa era la realidad, pero hay deberes y responsabilidades que me obligaban a regresar.  Puede que sea por el poco tiempo que duré, pero no me sentía nostálgica.  No llegué a sentir añoranza por mi hogar, aunque sí pensé en algunos momentos "a mi hermana le gustaría esto" y "quiero abrazar a mi gato".

Caminé nuevamente por el Puente de Londres y el Puente de la Torre.  Llegué hasta la Torre de Londres y, como faltaba media hora para cerrar, el vendedor me aconsejó entrar en otra ocasión.  Otra ocasión.  Él no sabía que era mi último día en Inglaterra.  Pero seguro habrá otra ocasión, en realidad lo deseo.  Ya estoy pensando en algunos planes para mi regreso que, aunque no tiene fecha, espero que se dé:
1. Visitar el Palacio de Buckingham por dentro.
2. Entrar a la Torre de Londres.
3. Hacer el tour nocturno The Ghost Bus.
4. Ver la exhibición permanente de Libros Raros en la Biblioteca Británica.
5. Probar el Sticky Toffee Puddin.
6. Ir al Castillo de Windsor
7. Ir al Hampton Court Palace.
8. Ver una función en la Royal Opera House.
9. Volver al Globe y ver otra obra, pero esta vez sentada.

Como no pude entrar a la Torre, caminé por los alrededores y encontré un lindo parque Trinity Square.  Compré cidra, me bebí una y guardé 3 latas esperando a que no me pusieran problema en el aeropuerto.  Como estaba entretenida no me dí cuenta de lo tarde que era 6:30 pm.  De nuevo el sol del verano me juega malas pasadas.  Tuve que correr al subterráneo de vuelta a mi hostal, agarrar mi equipaje y volver a correr al subterráneo para ir al aeropuerto.  Lo bueno es que llegué a tiempo para mi vuelo.  Lo triste es que me estaba yendo.

¡Adiós, Inglaterra!  Ha sido un placer.
Hasta pronto.



23 de julio de 2016

Diario de viaje - 29: Más (no)despedidas y viajes solitarios

1 - Cero sentimentalismo.

Hoy fue un día interesante. Si por interesante se entiende que estoy muerta de cansancio y siento, al mismo tiempo, que no hice nada. Me levanté a las 5:15 de la mañana. Horrible. ¿Ya he dicho que odio madrugar? Pues odio madrugar y peor si es en vacaciones. Teníamos que estar en los autobuses a las 6:45 am, sin retrasos. Meta cumplida. 

Lo primero que hay que decir es que se adelantó mi despedida con mis amigas. Tenía planeado pasar el día con ellas en el aeropuerto y decirles adiós allí, verlas dirigirse al avión y continuar mi camino. Habría sido maravilloso, pero también complicado y costoso. Resulta que habían 3 autobuses: el primero iba a Victoria Station y los dos últimos, a Heathrow. Caro y Laura se fueron en el segundo, yo fui en el primero. He de admitir que me pareció una despedida fría. Curiosamente, fue mucho más emotivo anoche, cuando acompañamos a Ben, Maddie, Jenny y Dana. Esperaba un fuerte abrazo y sentí un pequeño nudo en mi garganta y lágrimas aproximándose, cosa bastante rara en mí. Tengo la tendencia a vivir las despedidas como lo que son: una parte natural del proceso llamado vida. Aun así quería llorar. Pero no sentí la acogida, el espacio seguro. 

Tal vez estaban conteniéndose, evitando alargar la cosa y exponerse. Ambas admitieron antes que no les gustan las despedidas. Y lo entiendo, no son placenteras. Pero yo quería vivirlo. Ellas mencionaban nuestros planes para el próximo año, pero no era eso lo que necesitaba, yo quería una clausura. Tal vez yo siento que no las volveré a ver y ellas de verdad creen que nos reuniremos de nuevo, y eso marcó la diferencia. Sea como sea, las llevo en mi corazón. No diré que las amo, como Dana, porque para mí esas palabras son demasiado fuertes y un mes, por más maravilloso que sea, no me da la certeza de decirlo. Pero, definitivamente, las llevo conmigo. Y tal vez eso sea más que suficiente. 

2 - Viajando sola: La Odisea 

En el autobús intenté dormir. Misión semi-cumplida. Al llegar a Victoria Station decidí que antes que nada debía recoger los tiquetes del tren de mañana y fue ahí donde empezó mi “odisea”. No recorrí mucha distancia, pero sí subí y bajé escaleras innumerables veces con una maleta en la espalda, un bolso de mano y una súper maleta de 18 Kg.  Horror. Mi viaje fue el siguiente: 1) de Coach station a 
la Underground Sation. Bien, una de las estaciones con más viajeros en Londres y resulta que no tiene escaleras eléctricas para ir al subterráneo. Ah, pero hay un plan de renovación con proyección a 2018. ¡Hurra! Bien por los londinenses del futuro, mal por mí que lo necesitaba ya. 

2) Cuando llego a la máquina de tiquetes después de hacer fila durante un tiempo el operario me dice que tengo que ir a las máquinas de arriba. Yo y mis 3 maletas. Ok, si no hay de otra...

3) Cuando llego a las máquinas de arriba y hago toda la fila (¡2 veces! Una máquina tenía problemas de impresión) acepto que no voy a poder reclamar mis tiquetes en esas máquinas, ya que no tengo la tarjeta. El pánico me carcome. Ya pagué por los tiquetes de forma online y no tengo con qué comprarlos de nuevo, y si no tengo tiquetes, automáticamente pierdo también el dinero de la entrada. Mis amigas se fueron, estoy sola en esta ciudad.  Nadie en quien apoyarme durante los días que me quedan aquí.

4) Afortunadamente, mis maletas y yo perseguimos a la mujer que arregló la máquina, descubriendo 
que sí íbamos a poder viajar. Otra fila. Más larga. Hace calor y he estado corriendo por toda la estación con mis maletas. Estoy sudando y tengo hambre (no desayuné bien y ya es hora de almuerzo), pero al alcanzar la taquilla el buen hombre me entrega mis tiquetes. Qué alivio. 

5) Yo y una de mis maravillosas ideas: tomar el subterráneo es caro (realidad), mejor intento con un 
bus. Y eso significa volver a salir de la estación, caminar bajo el sol y arrastrar mis maletotas por 
todo el lugar. Si es más barato, vale la pena, ¿no? Pues no. Porque no existe ningún bus que me 
lleve así que, al final...

6) debo volver a la estación, volver a bajar y subir escaleras con mi pesado y estorboso equipaje, y 
volver a hacer fila para comprar el tiquete.  Al final lo logré.  Llegué a mi hostal medio muerta, pero llegué.

El resto del día fui al Imperial Museum of War, pero estaba cerrado por el horario. No importa, camino en el hermoso parque que lo rodea y admiro el Jardín Tibetano de la paz, justo en frente del 
Museo de la Guerra. También fui al mercado de Elephant & Castle, pero no había mucho que mirar.  Estoy muerta.  Me estoy quedando dormida mientras escribo esto: hasta mañana.

22 de julio de 2016

Diario de viaje - 28: Despedidas y estrellas

Hoy tuvimos la presentación final.  Nos fue mucho mejor de lo que pensé, dada la poca preparación que tuvimos.  Fue interesante -y angustiante- no tener el control de hasta el más mínimo detalle, pero creo que me ayudó a comprender que existen otras personas y otras maneras de hacer las cosas y que, al final, pueden tener buenos resultados.  Lo que no significa que vaya a cambiar la mía, claro está.  A nivel académico, un proyecto se avecina.  El tarot pronostica un buen panorama, ¿deberé creerle?

Por otro lado, hoy tuvimos la barbacoa de despedida.  No hay que recordar que de barbacoa sólo tiene el nombre, lo importante es que nos la pasamos tomando fotos grupales y de todos con todos.  El último día llegó a su fin, mañana tendremos que levantarnos temprano y marcharnos, volver al lugar de donde vinimos con sus dulces y amargos.  Y eso significa decir adiós a la encantadora gente que conocimos.  Nada fácil, mucho menos placentero.  En nuestras cabezas bullen los planes de reencuentro y mi parte escéptica me pide que guarde todo esto en mi memoria, sólo por si no se llegan a cumplir.  Lo hagan o no, no olvidaré.

Llegó la noche y con ella el adiós a los chicos de US.  Adiós a Dana, a su encantadora sonrisa y amigable espíritu.  Adiós a Jenny y a esa calma que la envuelve.  Adiós a Maddie y a ese dinamismo que inspira.  Adiós a Ben y a sus graciosas ocurrencias.  Lindas personas, les deseo lindos destinos y, si hemos de vernos de nuevo, que así sea, iré a su encuentro con los brazos abiertos.

Hoy vi las estrellas, esos astros extraños que quería ver desde el principio.  Hermosas y desconocidas, tal como las imaginé en este antiguo mundo.  Aun así, me gustan mis propias estrellas.  Mis ojos buscaban el cinturón de orión sin encontrarlo.  El último día en Exeter, despedidas y nuevos encuentros.