11 de octubre de 2010

Se partió la llave

Viernes, 1 de octubre

Ahí estaba ella, pensando, mirando la vacía calle en ésa lluviosa y fría tarde. Sobre la banca de madera descansaba su cuerpo –recipiente de su alma –empapado, frío… Sus ojos enfocados en algo etéreo, más allá de lo palpable y de lo visible, buscaban refugio en ese lugar, buscaban compañía. Pero si lo encontraban o no, sólo ella lo sabía. Ella, ella… el viento susurraba su nombre con una voz sosegada, calma, afectuosa. Con una voz que sus oídos no captaban pero que su corazón sentía.


Silente se preguntaba si ése sería su destino. Una banca de madera fría y solitaria. Una voz susurrante, una compañía invisible. El viento –su viento –le acariciaba el rostro en un intento de negación a su preguntar. Pero la lluvia lo había enfriado, así que lo que ella sentía no era la suave caricia de consuelo sino la fría afirmación de aquel espíritu ancestral que todo lo conocía.

Interrumpiendo sus meditaciones, una mujer mayor de cabello rojizo se sentó a su lado y, sin pedir permiso ni consentimiento, empezó una “charla” –más parecida a un monólogo –respecto a su vida. El malgenio de su hija Sonia, la espera ansiosa del regreso del colegio de sus nietos, el clima, la vida, sus dolores frecuentes, su pasado… Y ella sólo podía verla parlotear sobre todo y sobre nada a la vez, y tratar de corresponder de buena manera a sus sonrisas, pero su mente seguía en aquel lugar, sus ojos ausentes…

Repentinamente llegó un hombre mayor y se paró a su lado y en frente de la mujer. Su cabello poblado de canas y su ropa informal. Pronunció un “–Hola, señorita. Buenas tardes, doña Olga ¡Qué frío que hace! –. ” Y comenzó una conversación con la mujer. Y ella de nuevo escuchó las palabras provenientes de aquella con cabello rojizo. El malgenio de su hija, la espera ansiosa de la llegada del colegio de sus nietos, el clima, sus dolores frecuentes…
Silente se preguntaba si ese sería su destino. Una banca de madera fría, una voz susurrante. Una compañía insuficiente. Y, de nuevo, el viento –su viento –le acarició el rostro en un intento de negación a su preguntar, pero esta vez, ella comprendió su significado y se sintió feliz… Por fin, habían llegado por ella.
jejeje

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