22 de julio de 2015

Ante la tragedia

En momentos como éstos, él dice esto:


«Nunca piensas que estas cosas te pasarán a ti. Le pasan cosas terribles a la familia del vecino. Y piensas: "Gracias a Dios no somos ellos". "Gracias a Dios no somos esa familia". Y luego despiertas un día y eres ellos. Y nunca vuelves a verte de la misma manera.»


Y en momentos como éstos, yo respondo:


«Y todo es parte de la vida, tanto la fragilidad como la fortaleza. Y tal vez todo lo que podemos hacer es hacerle frente a lo primero refugiándonos en lo segundo. Aceptar lo que no se puede cambiar y seguir adelante.»


¿Y qué más se puede decir? C'est la vie, C'est la vie, C'est la vie.  Mil y una vez "así es la vida", mil y una vez c'est la mort.

Como dice Oscar Wilde, "En mí mismo descubro ahora algo recóndito, que me dice que nada carece de sentido en el mundo, y menos todavía el sufrimiento (...) En puridad de verdad, es el dolor una revelación, pues se conoce por él eso en que jamás se había pensado (...) Lugar sagrado es aquel donde hay dolor. Comprenderá algún día la Humanidad lo que esto significa. No se sabe nada de la vida, hasta entonces."




11 de julio de 2015

Ichirin no Hana (Una sola flor)

¿Qué sentido tiene adelgazar cuando otros se van a quedar en huesos?
Lo que siempre me ha gustado de la muerte: que es un absoluto.  Lo que nunca me ha gustado de la muerte: que el mundo no se detiene.  No más Margarita y Violeta.  Adiós a los sueños absurdos.  Ahora soy la única flor de la casa.


7 de junio de 2015

Ayer

Amo y odio mis contradicciones.  ¿Se nota?
Aber in Zeite wie diesen mein Hass ist größer als meine Liebe.  Warum sage ich "nein" wenn ich "ja" sagen möchte? Ich ärgern mich über meine Unentschlossenheit und meine Dummheit.  Ich liebe mich aber heute... heute möchte ich nur schlafen.  Ich will verstehen, dass ich brauche.

23 de marzo de 2015

El mismo laberinto

Cuando una mujer te diga que está loca, o es muy complicada, hazle caso. No se trata de un comentario casual, es una advertencia.  En mi caso, desearía que no fuera necesario advertir sino que con solo una mirada algo en su interior les dijera, denotando un mecanismo de auto-preservación en perfecto estado, "no, mejor no".

Me pregunto si cuando llegue a querer a alguien, si es que se da el caso, esa persona se sentirá, me mirará y actuará de la misma forma en que yo lo hago con los demás: sin sentir absolutamente nada, y si en ese momento se restaurará el equilibrio del mundo.  Porque ciertamente hay un desequilibrio, ¿no?, en el hecho de que alguien te quiera -lo que sea que signifique eso- y tú sólo seas capaz de decir "lo siento", sin siquiera sentirlo en realidad.

Pero, después de todo, no creo que sea mi culpa. Una vez una persona me dijo "uno no elige querer a alguien, eso solo pasa", y yo le creo.  El problema está en que le pase solo a uno cuando debería sucederle a dos.  El problema es que esté yo involucrada; yo, que en conversaciones corrientes dejo caer el comentario casual pero intencionado de "creo que estoy loca" y "soy muy complicada", pero que, no obstante, parecen ignorar.

El problema soy yo, al fin y al cabo, que sigo perdida en el laberinto de siempre, preguntándome si hay salida, si fui yo quien se metió ahí un día o si siempre estuve pero no lo había notado.  De todas formas, no importa.  Traje el asunto a colación porque es una vieja maleta de equipaje con la que no sabes qué hacer, que no molesta hasta que alguien te pregunta por ella, pero que después de contestar, vuelves a dejar en su lugar, sin que haya cambiado nada, no para ti. 
Y eso es lo que pasó, alguien preguntó, yo respondí.  Pero todo sigue igual. Nada de qué preocuparse.

9 de marzo de 2015

Relámpago mental

-  ¿Y cómo quieren que no sea errática si fueron ellos quienes propiciaron mi huida?
- Oh, pero no fueron ellos quienes obligaron tu actuar.  Fue tu propia naturaleza la que te convirtió en péndulo.

1 de enero de 2015

La gente dice y yo replico

Como odio esa expresión "eres mía y yo soy tuyo", como si las personas fueran cosas, objetos que pueden poseerse y después de un tiempo desecharse si no se obtiene de ellas lo suficiente o lo esperado, como si se pudiera apropiar de un ser que se asume libre en sus cárceles cotidianas, como si un alma se adueñara de otra igual que un niño paga unos pesos por un dulce, o un joven por unos cigarros.  
Como odio esa expresión, que destila el atroz y arrogante deseo humano de poseer hasta lo que no tiene precio... 
Y sin embargo, qué solitario resulta decir "yo no soy de nadie".

15 de diciembre de 2014

Cuento corto

Federico se levanta después de escuchar por tercera vez la alarma de su celular.  Toma una ducha, se viste, desayuna y se cepilla los dientes.  No tiende la cama.  Antes de salir se asegura de llevar las llaves, la billetera y, por supuesto, su celular.
Camina hasta la parada del autobús y espera en silencio los primeros dos minutos.  El bus no llega. Federico saca sus audífonos y se desconecta del mundo. *Ti rin* una notificación ilumina la pantalla de su aparato, Federico sonríe y le contesta a su amigo que no sea tan jodón, que sí le va a presentar a Camila, y sigue escuchando música.
El bus pasa justo cuando Federico alza la mirada, por lo que lo para y alcanza a subirse antes de quedar como sardina entre la registradora y la puerta.  En el transcurso del viaje diferentes personas suben y bajan del bus, pero él ni las distingue, está viendo el top 10 de canciones de la semana.  Diez minutos después, una persona se levanta de su puesto y Federico se sienta junto a la ventana.  Revisa los mensajes de su correo electrónico.  En ese momento se sube al bus una mujer hermosa, tiene cabello largo, labios carnosos y ojos alegres.  Recorre con la mirada el bus en busca de un puesto vacío y detecta las intenciones de bajarse de la mujer de gris junto a Federico, así que rápidamente se sitúa a su lado.
Transcurridos cinco minutos, la mujer se baja y ella se sienta.  Lleva el bolso en su regazo. 

Mientras el bus sigue con su ruta, ella mira hacia la ventana y repara en Federico.  Cabello alborotado y ojos en la pantalla de su celular.  La mujer sonríe y se arregla el cabello disimuladamente.  Él no lo nota.  Tras un leve roce, patrocinado por un hueco en la vía, pero que pasa inadvertido para Federico, ella mira hacia el frente y no intenta nada más.  Unos minutos después, al llegar a su destino, se levanta y se baja del bus.
Federico acaba de perder a la mujer de su vida y ni siquiera lo sabe.  *Ti rin* Una notificación ilumina la pantalla de su celular.  Jamás lo sabrá.